La importancia de una buena actitud

Usted puede cambiar su actitud. Quizás no pueda cambiar las demás cosas, pero definitivamente puede hacer que su actitud sea más positiva. Si lo trata, pronto descubrirá que la mejor mano de ayuda está en el extremo de su propio brazo.

Recuerde

John C. Maxwell

ESCRITOR, ENTRENADOR Y CONFERENCISTA ESTADOUNIDENSE

Autor del libro: El mapa para alcanzar el exito

Cada vez que voy a Washington, D. C., trato de visitar la Institución Smithsoniana. Me gusta la historia—especialmente la de Estados Unidos—y dicha institución alberga artefactos y muestras de los más de doscientos años de nuestra nación. De todo lo que se exhibe, lo que más me gusta es un segmento en video de un discurso al Congreso del presidente Kennedy el 25 de mayo de 1961. Cada vez que lo veo me pone la carne de gallina. Registra el momento en que Kennedy llama a América a realizar el viaje más increíble que se haya concebido. Lanza la visión para la ejecución de una idea que ya había sido escrita el año 160 d.C. por el satírico griego Luciano de Samosata y que había estado en el pensamiento del hombre durante los dieciocho siglos siguientes:

«Creo que esta nación debe comprometerse a lograr la meta de enviar un hombre a la luna y traerlo a la tierra de regreso y a salvo antes del fin de la década».

En el presente, con la popularidad de la ciencia ficción, un viaje a la luna parece algo ordinario. Después de todo, en la televisión usted puede ver cada día de la semana gente que vive lejos en el espacio o que viajan alrededor de la galaxia. Pero en el 1961, era la meta más descabellada que pudiera imaginarse.

Hoy sería como proponer que una persona nadara ida y vuelta a través del Océano Pacífico desde California a Japón. A fines de la década del cincuenta y a principios de la década del sesenta, Estados Unidos estaba en una carrera espacial con la Unión Soviética y se estaba quedando atrás. Yo tenía unos diez años cuando oí que la Unión Soviética había puesto en órbita su primer satélite, el Sputnik.

Me sentí como si me hubiera acostado una noche como el mejor jugador de béisbol de la escuela y al día siguiente saber que Babe Ruth era el nuevo alumno en la clase. ¡Qué golpe tan rudo! Después lanzaron el Sputnik II con su primer viajero espacial, la perra Laika. En 1959 enviaron el Lunik I, primera máquina espacial que supera el campo de gravedad de la tierra y vuela cerca de la luna. Los soviéticos parecían estar dando «knock-outs» con cada golpe que lanzaban. También enviaron el primer hombre al espacio, y una de sus naves fue la primera en hacer órbitas alrededor de la tierra. Los soviéticos iban ganando.

En medio de esta desastrosa situación, aparece el presidente John Kennedy, se pone de pie ante los Estados Unidos, y dice que veremos un hombre en la luna al final de la década. La mayoría pensó que era imposible. Aun algunos de los ejecutivos de la NASA pensaban que no se podría lograr. Hubo quienes dijeron a Kennedy que querían hacerlo algún día, pero que era solo un sueño. No existía la tecnología que permitiera lograrlo, y no estaban seguros de que pudiera existir. Pero eso no detuvo a Kennedy. Él no solo convirtió lo imposible en meta, sino que también le puso un plazo límite.

A pesar de todas las dudas, el 16 de julio de 1969, el Apolo 11 despegó de la plataforma de lanzamiento 39 del Centro Espacial Kennedy y comenzó un viaje de casi 400.000 kilómetros a la luna. Cuatro días después, Neil Armstrong y Buzz Aldrin alunizaron el módulo Eagle y 500 millones de personas vieron por televisión cuando Armstrong dio el primer paso en el fino polvo gris de la luna y dijo sus famosas palabras:

«Es el paso pequeño de un hombre, pero un salto gigantesco para la humanidad».

Lo habíamos logrado. ¡Habíamos alcanzado lo imposible! Es una pena que el Presidente Kennedy no vivió para verlo.

¡Que gran acontecimiento en la historia de la humanidad! Quizás no lo crean, pero en ese tiempo el hecho era tan increíble que en la pequeña comunidad de Indiana donde vivía, mucha gente se negó a aceptar que estuviera ocurriendo en la realidad. Conversé con personas que estaban convencidas que las imágenes en blanco y negro de la pantalla del televisor las estaban transmitiendo, no desde la luna, sino desde algún escenario en una base secreta de los Estados Unidos.

Su actitud determina su altitud

Ese viaje no debió haber sido posible, pero ocurrió. Es increíble, pero los soviéticos (y ahora los rusos), que iban tan aventajados en la carrera espacial en 1961, aún no han llevado a nadie a la luna. ¿Qué fue lo que nos impulsó a lograr semejante hazaña y en tiempo récord? No fue el poder de nuestra tecnología ni la amenaza de la superioridad soviética en la guerra fría. Pusimos un hombre en la luna porque creímos que podíamos hacerlo. En un abrir y cerrar de ojos, el discurso de John F. Kennedy convirtió el alunizaje en una meta alcanzable en lugar de ser un sueño imposible. Casi no importó dónde estábamos tecnológicamente. El alunizaje se hizo una realidad debido a un cambio de actitud. Cuando nuestras actitudes superan nuestras habilidades, aun lo imposible se hace posible.

He conversado con gente que trabajaba en el programa espacial, y me han dicho que la atmósfera era electrizante debido a la expectación. Cada día mientras trabajaban, un pensamiento estaba claro en sus mentes: Vamos a llevar un hombre a la luna. La meta del presidente contenía el sueño y estimuló la actitud positiva necesaria para hacer que fuera posible.

Ese es el poder de un sueño unido a la actitud positiva. Si tiene una y le falta la otra, no podrá llegar muy lejos en su viaje.

  • El sueño sin una actitud positiva resulta en alguien que sueña despierto.
  • Una actitud positiva sin un sueño, resulta en una persona agradable que no puede progresar.
  • Un sueño con una actitud positiva resulta en una persona con posibilidades y potencial ilimitados.

Para llegar lejos—y en la dirección correcta—necesita ambas cosas. Kennedy lo sabía.

Un sueño por sí mismo no hará nada. En realidad, su actitud no es únicamente una contribución necesaria para ser exitoso. Su actitud—y no la inteligencia, el talento, la educación, la capacidad técnica, la oportunidad, ni siquiera el trabajo arduo—es el factor principal que determina cuán lejos llegará en el viaje del éxito.

Yoghi Berra, cuyos comentarios siempre parecen contener humor y verdad, dijo:

«La vida es como el béisbol; noventa y cinco por ciento mental y la otra mitad física».

A pesar de su peculiar matemática, Berra sabía cómo la persona promedio desestima el rol de la mente en el proceso del éxito. Si usted tiene inteligencia, talento, educación, conocimiento técnico, oportunidades y una firme ética de trabajo pero le falta la actitud correcta nunca disfrutará del viaje al éxito. Quizás esto sea una idea revolucionaria para usted, así que lo voy a repetir:

Si no tiene una buena actitud, nunca disfrutará del viaje al éxito. La buena actitud hace la diferencia.

Quién y dónde se encuentra hoy; es el resultado de su actitud

Su actitud no solo dirige su futuro, sino que también afecta su presente.

Las decisiones que hasta ahora usted ha tomado han sido el resultado de su actitud. Su actitud determina sus acciones, y sus acciones determinan sus logros. Le guste o no pensar al respecto, la persona que usted es y el lugar que ocupa hoy son el resultado de su actitud.

Cuando usted nace, todo está fuera de su control. No eligió sus padres biológicos, cuándo y dónde nacer ni las demás circunstancias. Pero a medida que creció, comenzó a tomar decisiones, y a hacerse responsable por lo que ocurría en su vida. En la adolescencia, se multiplicó el número de decisiones que debía tomar, y para el final de la segunda década de su vida, las decisiones eran totalmente suyas, lo quiera reconocer o no. Ahora mismo, si tiene más de veintiún años, usted es completamente responsable de sus decisiones y de su actitud.

Leí una divertida anécdota del presidente Lincoln que muestra la relación entre nuestras decisiones y su efecto sobre quienes somos.

Un consejero de Lincoln le recomendó a una persona para un cargo en su gabinete, pero Lincoln rechazó la sugerencia.

🤨—No me gusta la cara de ese hombre—dijo.

😌—Pero, señor—dijo el consejero—él no puede ser responsable por su cara.

🤨—Todo hombre de más de cuarenta años es responsable por su cara—fue la respuesta de Lincoln.

Lo que usted es y cómo piensa se puede leer en su rostro. Cuando se mira al espejo y ve una expresión amarga, está viendo la expresión exterior de su actitud.

Su actitud de hoy es una decisión

La mayoría de las personas con malas actitudes normalmente señalan algo fuera de sí mismos para explicar su problema. Pero usted no puede culpar a nada ni a nadie por su actitud, esa responsabilidad es solo suya. No es lo le ocurre a usted, sino lo que ocurre en usted lo que cuenta.

Su actitud no está basada en

Las circunstancias: Quizás no pueda controlar lo que le ocurre, pero usted es completamente responsable por la reacción ante lo que le ocurre

La crianza: El pasado ya se fue y está fuera de su control. Usted es responsable de no dejar que lo controle en el presente

Las limitaciones: Dado que todos enfrentamos limitaciones de alguna especie—falta de talento, limitaciones de dinero, pocas oportunidades, apariencia pobre—usted necesita aprender a vivir con ellas. Como dijo Robert Schuller, sus limitaciones deben ser directrices, no señales de parar. Deben dirigir y guiar su camino en el viaje, pero no impedírselo.

Los otros: Nadie sino usted es responsable de las decisiones que toma hoy. Puede haber sido dañado o sometido a abusos en el pasado, pero a usted le corresponde vencer esas heridas—como lo haría con una física—y pasar adelante.

La verdad es que cualquiera, no importa cuán buenas sean las circunstancias, puede encontrar una razón para tener una actitud negativa. Y cualquier, no importa cuán malas sean las circunstancias, puede encontrar la manera de mantener una buena actitud.

Mire la siguiente caricatura tomada de la tira cómica «Crock» de Bill Rechin y Don

Guilder. Ilustra el punto que la actitud es una decisión. El trasfondo y las circunstancias pueden haber tenido alguna influencia sobre lo que usted es, pero usted es responsable de lo que llega a ser. Lo que usted hace hoy determina quien será mañana.

En su libro Go for the Magic, Pat Williams narra una historia relatada por el escritor deportivo Bob Broeg acerca del jugador de béisbol del Salón de la Fama Stan Musial, quien fue reconocido como uno de los jugadores más consistentes de ese deporte. Un día, cuando Musial jugaba con los Cardenales de San Luis, entró a la casa club un compañero de equipo silbando. Se volvió a Stan y le dijo: «Me siento muy bien. Mi vida en el hogar es feliz. Todo está en orden. Presiento que voy a batear dos hits hoy.

¿Te has sentido así, Stan?»

Sonriendo, Musial lo miró y dijo: «¡Todos los días!»

Uno de los descubrimientos más grandes que puede hacer es que puede cambiar. No importa dónde estaba ayer o cuan negativas hayan sido sus actitudes en el pasado, puede ser más positivo hoy. Eso marca una diferencia increíble en su potencial y en su vida.

Una cita en la puerta del salón de casilleros de los Suns de Phoenix resume la importancia de elegir una actitud positiva. Fue dicha por el ex Celtic de Boston, Bill Russell. Dice:

 «El juego está en agenda, tenemos que jugarlo; de la misma forma podemos ganar».

¡Qué maravillosa idea! Y de un verdadero triunfador. Mientras Russell jugaba con los Celtics, ganaron once títulos de la NBA (Asociación Nacional de Baloncesto) en trece años. Tener una actitud positiva le sirvió a él; y puede servirle a usted también.

Su actitud decide su enfoque del viaje

Hace varios años se realizó un experimento en una escuela de la Bahía de San Francisco. El director convocó a tres profesores y les dijo: «Como ustedes son los tres profesores mejores del sistema y tienen la mayor experiencia, vamos a darles noventa estudiantes seleccionados por su elevado coeficiente intelectual. Vamos a dejar que ustedes se encarguen de estos estudiantes el próximo año y los lleven a su velocidad y vean cuánto pueden aprender.

Los tres miembros de la facultad, los alumnos y los padres de los alumnos pensaron que era una gran idea. Todos disfrutaron en forma especial ese año escolar. Al final del curso, los alumnos habían tenido un rendimiento entre 20 y 30% más que los demás estudiantes de la zona de la Bahía de San Francisco.

El director llamó a los tres profesores y les dijo:

  • Tengo que hacerles una confesión. Ustedes no tenían a noventa alumnos con alto coeficiente intelectual. Eran alumnos del montón. Elegimos al azar noventa alumnos del sistema y se los entregamos a ustedes.

Naturalmente, los profesores llegaron a la conclusión que sus excepcionales dotes pedagógicas eran responsables del gran progreso de los alumnos.

  • «Tengo que hacerles otra confesión», dijo el director. «Ustedes no son los profesores más brillantes. Sus nombres fueron los tres primeros que sacamos del sombrero».

Entonces, ¿por qué los alumnos y los profesores tuvieron ese excepcional nivel de rendimiento por todo un año? La respuesta se puede encontrar en sus actitudes. Tenían una actitud de expectación positiva. Profesores y estudiantes creían en sí mismos y los unos en los otros. Tuvieron ese buen rendimiento porque creyeron que podían.

Su modo de pensar afecta poderosamente su enfoque en el viaje al éxito

Su actitud hacia la vida determina la actitud de la vida hacia usted. Su modo de pensar afecta poderosamente su enfoque en el viaje del éxito.

Lo que creo sobre la vida determina mi percepción de la vida, lo que a su vez determina lo que recibo de la vida.

Si espera lo peor, eso recibirá. Si espera lo mejor, aun cuando tropiece con circunstancias negativas—y así será, pues una actitud positiva no las detiene—puede hacer lo mejor de ello y seguir adelante.

Mientras mejor sea su actitud, más lejos llegará

Si conversa con personas de las principales organizaciones del país, mientras más arriba vaya, mejores actitudes encontrará. Un estudio de Fortune 500 encontró que el noventa y cuatro por ciento de los ejecutivos entrevistados atribuían su éxito más a la actitud que a otro factor.* Eso le muestra que si quiere ir más lejos debe tener una buena actitud.

La actitud afecta mucho más que solo su habilidad para tener éxito en los negocios.

Afecta cada aspecto de su vida, aun su salud. Leí de un estudio hecho en el Hospital

King’s College, en Londres, Inglaterra. Fue hecho entre pacientes de cáncer a quienes se

le había practicado mastectomías. Los investigadores del hospital siguieron el progreso de cincuenta y siete mujeres. De las que habían tenido una actitud positiva cuando se les

diagnosticó cáncer, siete de cada diez todavía luego de diez años. Pero de las que se dejaron llevar por la desesperación durante el diagnóstico, ocho de cada diez habían muerto.* Otras investigaciones médicas siguen encontrando resultados similares. Usted

puede ir más lejos en la vida—y vivir más—con una buena actitud que sin ella.

Su actitud establece la diferencia entre el éxito y el fracaso

Una buena actitud hace posible que usted sea exitoso. Le da la energía para que pueda seguir su propósito, haga crecer su potencial, y siembre semillas que beneficien a otros.

Pero también hace que el viaje sea más agradable en el camino sin importar a donde le lleve. John Wooden—ex entrenador de baloncesto de UCLA—dijo:

«Las cosas resultan mejor para la gente que hace lo mejor de la forma como resultan las cosas».

Hace un tiempo atrás jugaba golf con mi amigo Zig Ziglar, una de las personas más positivas que conozco. Me contó la historia de un muchacho llamado Jeb. Durante su crecimiento, su madre entraba en el dormitorio y lo despertaba a las 5:30, diciendo: «Jeb, va a ser un gran día».

Pero eso no era lo que el niño deseaba oír a esa hora de la mañana. Su primer trabajocada día era salir y traer el carbón para encender el fuego y calentar la casa. Lo aborrecía.

Un día cuando ella entró y dijo: «Va a ser un gran día», Jeb respondió bruscamente:

😥—No, mamá. Va a ser un día asqueroso. Estoy cansado. La casa está fría. No quiero levantarme y traer carbón. ¡Es un día horrible!

😯—Querido—ella contestó—no sabía que te sentías así. ¿Por qué no vuelves a la cama y duermes otro poco?

😏—¿Por qué no pensé en esto antes?—se dijo creyendo que había dado en el clavo.

Despertó dos horas después. La casa estaba caliente, y podía oler el desayuno que estaban preparando. Salió de la cama, se vistió y fue a sentarse a la mesa de la cocina.

😋—Estoy hambriento—dijo. He descansado bien. Ya está listo el desayuno. Esto esta perfecto.

😊—Querido—dijo la mamá—, hoy no hay comida para ti. ¿Recuerdas que dijiste que iba a ser un día horrible? Como madre, voy a hacer lo mejor que pueda para que tengas un día horrible. Vuelve a tu dormitorio y quédate allí todo el día. No tienes permiso para salir de allí, y no vas a tener nada para comer. Nos veremos mañana a las cinco y media.

Jeb regresó a su dormitorio desanimado y se acostó. Pudo dormir más o menos otra hora. Pero eso era todo lo que una persona puede dormir. Pasó todo el día deprimido en la habitación, con un hambre que crecía con el paso del tiempo. Cuando oscureció volvió a meterse en la cama y trató de dormir.

Despertó varias horas ante del amanecer. Se vistió. Estaba sentado a la orilla de la cama cuando la mamá abrió la puerta de su habitación a las cinco y media. Antes que ella dijera algo, Jeb se puso de pie de un salto y dijo:

😁- «Mamá, ¡va a ser un gran día!»

Lo que era cierto para Jeb es cierto para usted también. Usted puede cambiar su actitud. Quizás no pueda cambiar las demás cosas, pero definitivamente puede hacer que su actitud sea más positiva. Si lo trata, pronto descubrirá que la mejor mano de ayuda está en el extremo de su propio brazo.

Tomado del libro: El mapa para alcanzar el exito


Deja un comentario

Enviar whatsapp
1
Liberfly
Hola, te saludo en nombre de Liberfly 🦋
¿Hay algo en que pueda ayudarte?
Sera un gusto atenderte 😌