La fuerza de caracter en los negocios

La vida es como una piedra de esmeril: que te quiebre o te pula, dependerá del material de que estás hecho.

Anónimo

Donald Trump y Robert Kiyosaki

Empresarios y Escritores

Autores del libro: El toque de midas

El dedo pulgar representa la fortaleza porque es uno de los dedos que nos permite sujetar las cosas y ejercer control sobre ellas. Nos separa del resto de los integrantes del reino animal porque, gracias a él, tenemos manos, no garras. El pulgar también representa, de manera simbólica, la habilidad del empresario para renovar los bríos cuando los demás salen corriendo, se ocultan, renuncian o culpan a otras personas de sus fallas. También es emblema de la habilidad única del empresario para transformar los tiempos difíciles en triunfos.

Si las ganancias estuvieran garantizadas en un negocio, muchos se convertirían en empresarios. Hay mucha gente decir con un profundo suspiro:

“Claro que sería maravilloso ser mi propio jefe”. Y es que, la noción de poder decidir cuánto tiempo trabajar y la forma de hacerlo, suena muy bien. Sin embargo, hay otros para quienes el aspecto más atractivo de ser empresario radica en la satisfacción de construir un negocio y, tal vez, obtener gran popularidad y fortuna. Pero… ¡si no fuera por ese maldito miedo al fracaso!

El miedo al fracaso es una de las razones por las que la mayoría de las personas decide no involucrarse en actividades empresariales. Y es que el temor a equivocarse es mucho mayor que los deseos de sobresalir. Claro, la vida, por desgracia, tiene altibajos, y eso significa que, si quieres triunfar, deberás también aceptar que a veces se pierde.

Lo que definitivamente hay que entender es que, vivir en medio de ambas opciones, es imposible. La vida nos lanza golpes fuertes, nos guste o no, y esperar que sólo nos sucedan cosas buenas, es poco realista. Por eso, lo que diferencia a los empresarios con el toque de Midas de los demás es que, cuando afrontan una pérdida, se recuperan de inmediato, aprenden de sus errores y siguen adelante. Los empresarios exitosos saben que la experiencia ganada a través de sus fracasos les brinda sabiduría y fuerza para afrontar el siguiente desafío. Hay muchas personas a quienes el fracaso convierte en perdedores, pero a los empresarios con el toque de Midas, los hace más inteligentes.

El salón de clases vs la vida

La paradoja es ésta: si a los estudiantes con calificaciones excelentes se les considera los más inteligentes, ¿entonces, por qué no todos se convierten en empresarios excesivamente ricos? La respuesta es que la mayoría de dichos estudiantes son ganadores en un salón de clases en donde sobresale quien comete menos errores y se equivoca menos. Ahí aprenden que las equivocaciones y las fallas son malas y, por lo tanto, se esfuerzan para tener un desempeño excelente. En contraste, en el mundo real de los empresarios, sólo ganan quienes cometen más fallas y aprenden de ellas con mayor rapidez. Los negocios recompensan a la gente así.

Lo anterior significa que los programas de educación tradicional, tratan de eludir los desafíos en los que existe el riesgo de cometer errores, o se acercan a ellos con demasiada cautela y vacilación, lo cual no es mucho mejor. Algunas personas se quedan paralizadas en ese tipo de situaciones y no son capaces de tomar una decisión, ni buena ni mala. Por eso no es sorprendente que la mayoría de la gente se pase la vida tratando de evitar el riesgo. Ese tipo de personas prefiere recibir un cheque de nómina constante y contar con un empleo, que adquirir gran riqueza y llegar a poseer sus propios negocios. Y claro, si eso es lo que en verdad quieres, no hay nada de malo en ello.

Los empresarios aman los desafíos a pesar de que, en muchos casos, no fueron estudiantes sobresalientes. Ellos saben y aceptan el hecho de que, en el futuro, se encontrarán con errores, frustración, desventajas y fracasos. Saben que su verdadero salón de clases es la vida y la posibilidad de sobreponerse a las derrotas, ahí encontrarán el camino para ser mejores empresarios.

Esto no quiere decir que quieran errar, porque no es así. La diferencia es que, en lugar de eludir desafíos, los empresarios saben que los errores que puedan cometer y los riesgos que correrán en la vida, los forzarán a ser más inteligentes y sagaces, y a ganar más dinero.

En la mayoría de las escuelas de negocios se enseña que los riesgos deben minimizarse; por ello, mientras los estudiantes sobresalientes consideran que arriesgarse es malo, los empresarios genuinos lo ven como un reto, una oportunidad para hacer lo que los demás evitan. El riesgo estimula su creatividad y pone a prueba la confianza en sí mismos. Por eso, cada vez que triunfan, sienten una enorme satisfacción que, a su vez, los alienta a seguir adelante. El verdadero carácter del empresario surge cuando éste comete errores y se ve obligado a seguir creciendo.

Algunas preguntas personales

Quizá en este momento te preguntas si posees la fuerza de carácter necesaria para llegar a ser, o no, un empresario con el toque de Midas (o un empresario cualquiera para empezar); tendrás que mirar en tu interior y analizar tus logros. Aquí hay algunas preguntas para comenzar:

  • ¿Cómo afrontas los fracasos?
  • ¿Cómo manejas el miedo?
  • ¿Estás dispuesto a trabajar durante años sin recibir sueldo, en un proyecto que tal vez jamás despegue?
  • ¿Alguna vez te han traicionado?
  • ¿Cómo lo manejaste?
  • ¿Se puede confiar en ti bajo presión?, ¿o acostumbras apuñalar a la gente por la espalda cuando la situación empieza a desmoronarse?
  • ¿Cómo te sientes cuando alguien comete errores y tú debes pagar por ellos? ¿Podrías despedir a un amigo o miembro de la familia de tu empresa?
  • Por naturaleza, ¿eres generoso o avaricioso?
  • ¿Cómo te sientes cuando no tienes dinero?
  • Cuando eso sucede, tú:
  1. – ¿Llamas a mamá?
  2. – ¿Llamas a papá?
  3. – ¿Le pides limosna al gobierno?
  4. – ¿Buscas empleo?
  5. – ¿Te metes otra vez a estudiar?
  6. – ¿Culpas a alguien más por tus problemas financieros?

Si no tienes respuestas a estas preguntas o sientes que no puedes contestarlas de manera objetiva, pídele a un amigo que las responda por ti con toda franqueza. Porque, para ser un empresario exitoso, debes recibir retroalimentación. Si no puedes manejar comentarios crudos y directos, será mejor que no renuncies a tu empleo. La gente que carece de carácter no puede lidiar con comentarios fuertes, y eso es muy peligroso porque un negocio es ante todo un enorme mecanismo de retroalimentación.

Puedes llegar a recibir comentarios negativos sin importar el nivel que haya alcanzado tu negocio, y es algo que debes aceptar desde ahora. Si a los clientes no les gusta tu producto, no lo compran. Eso es retroalimentación. También puede surgir en forma de datos o hechos irrefutables, como cuando descubres que tu compañía tiene gastos elevados e ingresos bajos; cuando le dices a un empleado que haga algo y termina haciendo lo contrario; cuando descubres que un socio en quien confiabas te está robando, o cuando el banco te niega un préstamo.

Busca a un amigo dispuesto a darte respuestas fiables. A pesar de lo cruel que pueda ser el ejercicio, hazlo y termina con las dudas. Recibe la retroalimentación aun cuando no te guste lo que te digan. Piensa que se trata de una oportunidad para fortalecer el carácter, algo que, por cierto, necesitarás bastante. Como ya se mencionó anteriormente, es más sencillo y barato recibir la retroalimentación de un amigo, que del mercado entero.

En el libro El toque de midas aprenderás que llegar a ser empresario exitoso implica, más que tener un buen producto, contar con recursos, educación o un plan sólido de negocios. Ser un gran empresario requiere de inteligencia; sin embargo, no creas que es el mismo tipo de inteligencia que nos imaginamos al pensar en los grandes genios. De hecho, existen siete tipos de inteligencia. Si logras un desempeño excelente en, por lo menos, una en particular, tendrás las bases para desarrollar el toque de Midas.

La que más necesitan los empresarios es la inteligencia intrapersonal.

la inteligencia interpersonal es la habilidad para comunicarse con otros y con uno mismo. La gente que posee este tipo de inteligencia tiene el control sobre sus pensamientos.

Para ahondar un poco más en esto, diremos que la inteligencia intrapersonal también se conoce como inteligencia emocional. Es la capacidad de controlar emociones como miedo, avaricia, ira, tristeza y amor. Por ejemplo, cuando tienes miedo, ¿reaccionas y sales corriendo?, ¿o hablas contigo mismo para apaciguarte y respondes a la amenaza en lugar de reaccionar visceralmente?

Cuando estás enojado, ¿controlas tu carácter o explotas y dices cosas de las que más tarde te arrepientes? Son algunos ejemplos de la inteligencia intrapersonal.

A la inteligencia intrapersonal también se le llama inteligencia del éxito, porque es un requisito para triunfar con todas las otras inteligencias. Por ejemplo, una persona puede ser un genio lingüístico-verbal, pero sin inteligencia intrapersonal o emocional, podría dejar de estudiar y terminar reprobando como los estudiantes a los que no se les facilitan las tareas lingüísticoverbales.

Las habilidades que te brinda este tipo de inteligencia te ayudan a controlar el discurso interno pesimista que puede mantenerte atado y socavar tu éxito.

Quieras o no, siempre hay retroalimentación, así que lo mejor será que la aceptes y aprendas de ella. Los empresarios exitosos siempre la reciben y usan en su beneficio.

Cuando se quiere participar en la actividad empresarial no se puede seguir un plan para volverse rico de un momento a otro. Los sacrificios son parte de la travesía y, para continuar, es necesario contar con fuerza de carácter.

No es lo mismo ser inteligente en la escuela que sagaz en el mundo real. Para ser empresario necesitas la fuerza y la rudeza que sólo se adquieren en la calle.

Ser fuerte no significa ser arrogante, mezquino, detestable o autoritario. La fortaleza es actitud, disciplina, determinación y empuje. Ahora que lo sabes, encuentra tu fuerza.

El mercado contrata y despide todos los días; sin embargo, los empresarios con el toque de Midas se levantan, sacuden su pantalón y vuelven a lanzarse al ruedo.

El pulgar está relacionado con la fuerza y, como ya sabes, para ser empresario se requiere de fuerza de carácter. No es lo mismo desempeñarse con inteligencia en una escuela que con sagacidad en el mundo real.


Tomado del libro: El toque de midas

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