Cómo superar los tiempos de crisis

Cuando se aborda el tema de la crisis, se habla más del problema que de las soluciones. Lo malo de las soluciones de las crisis es que no suelen gustar.  Las más eficaces son las que gustan menos (dato comprobado). Las soluciones definitivas suelen ser las más incómodas porque exigen cuestionar viejas creencias y hábitos… No es una casualidad que las soluciones más desagradables sean las más efectivas.

Raimon Samsó

ESCRITOR Y COACH

Especializado en formar a Expertos con conciencia. Autor del Best-seller “El código del dinero«

Además de la crisis, experimentamos otro fenómeno de fondo, estructural, y que ha llegado para quedarse: la globalización. Son dos fenómenos diferentes que ahora se solapan en el tiempo. La crisis es coyuntural, la globalización es estructural. Una pasará, la otra se quedará. Cuando pase la crisis nos daremos cuenta de que debemos afrontar un escenario económico mucho más complejo: la economía global.

Las cosas no volverán a ser como eran.

Uno de los efectos de la globalidad es la deslocalización (offshoring) que está empezando por los «empleos de cuello azul» y se extenderá a los «empleos de cuello blanco». El directivo que prepara un expediente de regularización de empleo (E.R.E.) no se da cuenta de que él puede ser el siguiente.

Sentarse a esperar que la crisis pase (o ignorar la globalización) es la peor receta, porque cuando nos hayamos tomado el primer plato (crisis), nos servirán el segundo plato (globalización), para el cual dudo que la persona promedio se esté preparando. Por ejemplo, si una persona está en el paro y se repite a sí misma que «no sale nada de lo mío» es que tal vez «lo suyo» ya no sea necesario o ya no valga la pena que sea suyo, vamos que toque reciclarse… Quizás para encontrar «lo tuyo» haya que abrir el baúl de los recuerdos.

La persona promedio piensa que la crisis es todo el problema que resolver, pero no sabe que su pobre educación financiera agrava su situación ante la crisis y la deja indefensa ante la globalización.

Las crisis son procesos naturales, forman parte de la expansión y la contracción de la vida, como un latido. Siempre las hubo y las habrá. Cuando los medios de comunicación se obsesionan en crear un mal ambiente, proporcionan una excusa adicional a quienes las usan para sacar balones fuera. Las crisis pueden servir para excusarse y no reaccionar.

¿Cómo prepararnos para desarrollarnos económicamente en ambos fenómenos: crisis y globalización?

Creo que tengo respuestas:

  • Si tu trabajo puede hacerlo un ordenador, búscate otro.
  • Si tu trabajo puede hacerlo un robot, búscate otro.
  • Si tu trabajo se basa en la experiencia, búscate otro.
  • Si tu trabajo no es creativo, búscate otro.
  • Si tu trabajo no aporta significado, búscate otro.
  • Si tu trabajo es muy manual, búscate otro.
  • Si tu trabajo puede digitalizarse, búscate otro.
  • Si tu trabajo puede hacerse por menos, búscate otro.
  • Si tu trabajo no te apasiona, búscate otro.

Y en cualquiera de los casos arriba señalados, si después de buscarlo, no lo encuentras, créalo (invéntalo). ¡Oh!

Para todos: haz algo que requiera talento, elige una ocupación que proporcione sentido y significado a las personas, y elige trabajos creativos, innovadores, que requieran mucho talento. En pocas palabras, huye como de la peste de trabajos productivos.

Dos conceptos a tener en cuenta: trabajo intercambiable y trabajo no intercambiable. Todo trabajo que sea intercambiable será cambiado de titular y de emplazamiento (trabajos exportados a Oriente), los no intercambiables se quedarán aquí.

Otro concepto interesante es la «proximidad», si tu trabajo requiere proximidad al cliente correrá menos riesgo de ser intercambiable o ser digitalizado. No hay más que un único mensaje: especialízate en lo tuyo, entrega talento no digitalizable, sé no intercambiable y cultiva la proximidad.

Un trabajo productivo siempre puede ser hecho por menos dinero. O mejor, lo que significa con mayor calidad y eficiencia. Los países emergentes son la gran reserva para la subcontratación. Las empresas ya han entendido que el outsourcing (subcontratación internacional) mejora sus procesos (aumentos del 100 % en productividad) y abarata sus costos (ahorros del 75 % en salarios). Y han comprobado que el homesourcing (subcontratación doméstica) mejora la productividad en un 30%. Así que, ¿dónde está tu competencia? (¡Sí, tienes competencia!). Respuesta: en todas partes; personas que trabajan desde su casa, profesionales y empresas que trabajan a varios miles de kilómetros.

Un empleado de una empresa compite con autoempleados que trabajan por cuenta propia y quieren trabajar para esa misma empresa. Puede que nos les vea pero pronto sentirá su aliento en su nuca —y cómo presionan su nómina a la baja—. A las empresas les ocurre lo mismo: compiten no sólo con otras empresas de su sector sino con autoempleados que pueden hacer lo mismo, usando las mismas tecnologías (todos disponemos de las mismas herramientas), pero con una estructura menor; y por tanto, más competitivos en precios. Yo mismo estoy proporcionando formación a multinacionales que antes sólo trabajaban con grandes empresas de formación.

En momentos de crisis, nos cansamos de oír argumentos como: «no es un buen momento», «no está la cosa como para invertir», «es arriesgado»… Cuando lo que en realidad dicen es: «tengo miedo a hacerlo», «no me gusta hacerlo», «no sé cómo hacerlo»… No se trata de la crisis, ni del paro, ni del endeudamiento, ni del mercado… como siempre, se trata de nosotros, de ti. ¡Nosotros! ¡Tú! Se trata de las personas que no creen en si mismas y sus posibilidades; y en consecuencia, proyectan su desconfianza a la situación.

Las crisis son en gran medida un déficit de confianza (si el ser humano pudiera desear sin dudar del resultado, ese deseo se cumpliría al instante).

Voy a compartir contigo la siguiente cita de Paul Romer: «Una crisis es algo que no se puede desperdiciar». También afirmó: «Todos queremos crecimiento económico, pero nadie quiere el cambio». Como él, creo que las crisis son una oportunidad para mejorar. Simbolizan la necesidad de un cambio, y el dinero ama la velocidad en el cambio. Una crisis es la señal de que algo nuevo está a la vuelta de la esquina.

La mente más brillante del siglo pasado, Albert Einstein, afirmó sobre las crisis: «No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la noche oscura.

Es en la crisis cuando nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar «superado». Quien atribuye a las crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Damos lo mejor de nosotros cuando afrontamos desafíos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar para superarla».

Palabras de sabio.


Tomado del libro: El código del dinero

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